Comenzamos un nuevo curso y, con él, un nuevo número de Mosaico llega a nuestras manos con el espíritu propio de septiembre: reiniciar, comenzar proyectos, retomar ideas que parecían olvidadas y recuperarlas desde una mirada renovada. Y, en este contexto, difícilmente podría haber un tema más adecuado para nuestro monográfico que la psicosis.
Todos conocemos la estrecha relación entre la psicosis y la Terapia Familiar. En cierto modo, fue la psicosis la que impulsó el nacimiento de nuestro modelo y la que propició algunos de los momentos más brillantes de nuestra literatura. Como señala Juan Luis Linares en este número, la psicosis ha sido la gran musa de la Terapia Familiar. No debemos olvidar que gran parte de los pioneros sistémicos desarrollaron sus ideas intentando comprender un sufrimiento que los modelos dominantes de la época no lograban explicar suficientemente. Como recordaban Cirillo, Selvini y Sorrentino, Mara Selvini Palazzoli siempre recordaba que la Terapia Familiar nació para desafiar a la psicosis y siempre aceptó ese el desafío, nunca dejó de trabajar para encontrar formas de intervención que permitieran a la Terapia Familiar servir también, y especialmente, a las personas que sufrían experiencias psicóticas (2004).
Para quienes nos hemos formado en el pensamiento sistémico, la psicosis tiene algo de territorio originario. Todos comenzamos estudiando el doble vínculo, la psuedomutualidad, el cisma y el sesgo marital, la transmisión trigeneracional, la mistificación y tantos otros conceptos que nos permitieron descubrir una forma radicalmente distinta de comprender la psicopatología. Aquellas ideas transformaron nuestra manera de mirar a los individuos, a las familias y, en definitiva, a las relaciones humanas. Más allá de que algunas hayan sido reformuladas o discutidas con el paso de los años, siguen constituyendo una parte imprescindible de nuestra memoria colectiva.
Y aquí debo hacer una confesión al lector. Tanto personal como profesionalmente, la psicosis ha sido siempre uno de los temas que más me ha fascinado. Probablemente fue precisamente ese encuentro entre la psicosis y la Terapia Familiar lo que terminó de cautivarme y de acercarme de manera definitiva a este modelo. Por eso, cuando nuestro compañero Juan Martínez de la Cuadra propuso al equipo editorial coordinar este monográfico, la idea me entusiasmó desde el primer momento.
No es la primera vez que Mosaico dedica un número a la psicosis, y seguramente tampoco será la última. Sin embargo, Juan ha logrado reunir un elenco de autores extraordinario que nos permite conocer el momento actual de la reflexión sistémica sobre este fenómeno y recorrer la evolución que ha experimentado el binomio psicosis-terapia familiar desde que Bateson formulara la teoría del doble vínculo hasta las propuestas contemporáneas. Y como magnífico colofón, este número se cierra no con una entrevista, sino con un diálogo con Norberto Barbagelata que nos invita precisamente a eso que hacemos cada septiembre: recuperar ideas, revisarlas críticamente y ponerlas nuevamente al servicio de nuestra práctica profesional.
Junto al monográfico, seguimos publicando artículos de gran interés procedentes de distintos contextos profesionales. Algunos nacen de los intercambios realizados en Oporto y otros reflejan investigaciones, revisiones y experiencias clínicas que siguen demostrando la excelente salud de la comunidad sistémica en lengua española. Nuestra comunidad continúa escribiendo, investigando, compartiendo y construyendo conocimiento, y eso es una magnífica noticia.
Por ello, queremos animaros a seguir enviándonos vuestros trabajos. Continuad inundando nuestra bandeja de entrada con artículos, investigaciones y reflexiones. Si bien esta creciente participación supone un esfuerzo cada vez mayor para el equipo editorial, también constituye uno de los mejores indicadores de la vitalidad de la Terapia Familiar Sistémica. Del mismo modo, os agradecemos vuestra paciencia, ya que el incremento de manuscritos recibidos está ampliando los plazos entre la aceptación y la publicación definitiva de algunos trabajos.
Otro proyecto que, cuando este número llegue a vuestras manos, estará prácticamente culminado es el monográfico sobre Terapia Familiar Sistémica que verá la luz en la revista Psicoterapia de la UNED. Mientras escribo estas líneas, los artículos —elaborados mayoritariamente por las Escuelas de Terapia Familiar integradas en ASEF— se encuentran en proceso de revisión. Confiamos en que este número pueda publicarse en noviembre y se convierta en una excelente oportunidad para seguir acercando el pensamiento sistémico a profesionales de otras orientaciones y ampliar la presencia de nuestro modelo en el ámbito académico y científico.
Esperamos que disfrutéis de este número tanto como lo hemos hecho quienes hemos participado en su elaboración. Y, sobre todo, esperamos veros el próximo mes en Cuenca. Porque, por más que la tecnología facilite el contacto y el intercambio de conocimiento, seguimos convencidos de que pocas cosas construyen comunidad tanto como encontrarnos cara a cara, compartir conversaciones, reencontrarnos con colegas y dedicar tiempo a cuidarnos mutuamente. Nos vemos en Cuenca para seguir pensando, aprendiendo y construyendo juntos el futuro de la Terapia Familiar Sistémica.
Sergio Siurana.
Director de Mosaico.